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ETERNO TIEMPO

  ETERNO TIEMPO   No somos nadie. Yo ni siquiera soy quien fui. La gran mayoría de los recién llegados no me cree. Usted, señor, lo más seguro es que tampoco lo haga. Al menos de primeras. ¿Cuál es su nombre, señor? Por cierto, discúlpeme, el nombre es innecesario. De aquí en adelante, me referiré a usted como señor . Tranquilícese, señor, no se me apure. Tendrá tiempo suficiente para comprender y para lo que haga falta. Aquí, siéntese, perfecto. Observe a su alrededor. No debe preocuparse por el tiempo, señor, está de sobra; es secundario (tenemos esa suerte o desgracia, y sigo sin diferenciar entre la pena y la gloria). ¿Quién lo sabe y quién lo sabrá? Así es. Eterno tiempo. Bonito nombre. No hay filósofos por la zona. Piense que el tiempo aún no ha sido creado o sentido por cualquiera de nuestros semejantes. Observe detenidamente. En abundancia… En abundancia de nada. Observe cuanto desee. Aquí no hay tiempo que perder. ¿Lo recuerda? Comprendo. Disculpe, lo olvidaba: la...

LA COSTRA DEL RECUERDO

LA COSTRA DEL RECUERDO   «¿Quién es ese que enturbia mis designios sin saber siquiera de qué habla?». Job 38:2     I.   —Pensaba que habías terminado de presentarme a toda tu familia —propuso Celia, abstraída, con una mirada y unos gestos inmóviles y desconcertantes, con ambos codos apoyados sobre la mesa de cristal, y las manos y los brazos como columnas para el peso de la cabeza, sopesando la curiosidad hacia la figura femenina que, en las afueras de la casa, se encontraba sentada sobre un tronco, a media sombra de la tarde, apenas camuflada por el resguardo de la aglomeración de hojas y estrellas amarillas de un limonero. —Por supuesto que lo he hecho —contestó Jesús; después, tan fugaz como un parpadeo, miró hacia el huerto durante un instante y volvió a Celia y al vaso de cerveza—. ¿Sabes el mal trago que he pasado? No aguanto las miradas de mi familia —El sorbo dejó retales de espuma sobre el bigote de tres días sin afeitar.      ...